¿Quién de ustedes ha sentido en algún momento que la casa se les viene encima, que ya no pueden más con tantas cosas por hacer y tantos problemas por resolver? A lo mejor los obstáculos no son esos leones tan feroces como los pintan en los cuentos infantiles, sino el enfoque que le das aunado a la forma de encontrar una solución, haciéndote sentir tan abrumada...
Haz un alto y reflexiona: ¿Tan graves pueden ser esas dificultades? ¿Qué tanto puedes tolerarlas? ¿Qué cederías y qué no negociarías? Todo esto dependerá de ti, de tus emociones, tu temperamento, no siempre puedes culpar al medio externo, a tu entorno familiar y amistoso sino también asumir tu cuota de responsabilidad:
Cuando te veas enfrente de los típicos problemas cotidianos como el desorden de tus hijos, la impuntualidad de tu pareja, el factor económico, la rutina, la falta de tiempo para hacer todo lo pendiente, respira un poco y pon en una balanza de un lado lo negativo y del otro lado las mil cosas positivas que te han podido haber sucedido en la vida y que son motivo para agradecer y bendecir. A veces sentimos que el mundo se derrumba sobre nosotras, mientras hay quienes están peor y aún siguen sonriendo.
Muchos autores son de la opinión que los problemas conforman sólo un 10% de la situación y el 90% restante es la actitud que tú asumas al respecto. ¿No crees que valdría la pena detenerse en evaluar esa acertada reflexión y comenzar a hacer cambios favorables para restarle poder personal a esos problemas? La decisión está en tus manos, cada día amanece y Dios te da la oportunidad de vivir la vida siendo un mejor ser humano.
Hasta la próxima...
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Jacqueline De los Ríos de Urbanc. 2001.
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