Finanzas personales en ruinas...si en casa hay adolescentes!

Quizá este título lo escriba en tono gracioso, porque pensamos que ṣlo hay gasto en los más pequeñitos de la casa, olvidándonos de las debacles financieras cuando los niños crecen y al transformarse en adolescentes, comienzan las exigencias al cine, a comer, a pasear, a cortejar a las parejas...en fin, un desbalance en la chequera que atormenta...

Me gusta cuando comenzamos con buen pie a hacer las cosas...y ocurre que nos decidimos a elaborar el Presupuesto de Gastos Familiar pero obviamos algunos detalles de trascendencia pues nos concentramos en incluir partidas como el mercado, la vivienda, el pago de los servicios públicos, colegio, diversión, y después comenzamos a dar brincos cuando los compromisos personales de nuestros hijos nos asfixian...

El Presupuesto de Casa debe incluir un monto de dinero para cada miembro de la familia aunque el menor sea apenas un bebé. Eso no quiere decir que él esté en capacidad de administrar su partida, pero mientras sea un menor los papás pueden hacer uso de ese dinero para cubrir sus necesidades mensuales, como pediatra, pañales, leche maternizada, los biberones, su ropita, el sonajero, etc. Cuando no se incluye un monto a cada persona, nos mal acostumbramos a ir sacando de la chequera o del “pote” a medida que se presenten los gastos y al final nos damos cuenta que quedamos endeudados.

Mi recomendación es que cada integrante de ese Hogar genera gastos por sí mismos en todas las etapas de su vida, por eso es importantísimo crear estas partidas autónomas para no afectar el flujo de caja familiar. Este descalabro ocurre con mayor cuantía, cuando ya los pequeños de la casa se hacen preadolescentes y luego adolescentes, y comienzan los dolores de cabeza con el pago del vestuario para la fiesta, el regalito de cumpleaños de la amiga o amigo, la compra de la tarjeta prepago porque “mamá, me quedé sin saldo”, quieren salir todos los fines de semana al cine, a comer con los amigos, a dar unas vueltas “por ahí”, y cuando empezamos a sacar las cuentas, es más de lo que nuestra capacidad económica lo permite.

  • Acostumbra desde pequeños a tus hijos que hay que ahorrar, cuidar lo que tenemos, rendir lo que nos han dado y mantener lo que es útil para todos. Unos minutos de dedicación por parte de los padres dará buenos resultados a futuro.
  • Incúlcales el hábito de que tengan una “mesada” los más grandecitos pero motívalos a que no lo gasten en chucherías sino que vayan acumulando ese dinero para comprar algo que quieran. Es una forma de fomentarles el concepto de planificación y de programación de sus compras por pequeñitas que éstas sean.
  • Negocia con los más grandes, en este caso los adolescentes y fija límites. Dependiendo de tus posibilidades económicas asigna un monto determinado para cada mes. Trata de mantenerte sin excederte. La partida la puedes dividir en sus salidas juveniles y en sus consumos como zapatos, ropa, algo en particular. Porque todo en fiestas no es sano. Aunque tengas el dinero, no siempre agradecerán lo espléndida que puedas ser sino que los malcriarás más bien.
  • No dejes que tu flujo de caja se vea afectado y que te quedes sin dinero por complacer un capricho. Recuerda que aplicar el criterio de jerarquizar necesidades es primordial y primero están los gastos básicos de toda familia y luego los placeres.

Hasta la próxima oportunidad...

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